Cámara de Representantes declara en desacato a procurador de Trump

Nueva York. Un comité de la Cámara de Representantes declaró en desacato al procurador general Bill Barr y el presidente Donald Trump declaró secreto bajo “privilegio ejecutivo” el informe no censurado del fiscal especial Robert Mueller elevando el nivel de confrontación entre la Casa Blanca y el Congreso en lo que algunos ya califican como una crisis constitucional, mientras que el emperador perdió este miércoles una gran parte de sus ropas.

Ahora el país está en “una crisis constitucional”, afirmó el representante demócrata Jerrold Nadler después de que el Comité Judicial que preside aprobó una resolución declarando en desacato del Congreso al procurador general Barr, quien encabeza el Departamento de Justicia del régimen de Trump, por rehusarse a entregar una versión no censurada del informe del fiscal especial Robert Mueller.

En el debate entre el comité, demócratas y republicanos intercambiaron argumentos sobre cuál lado estaba violando la ley incluso con retórica sobre si este asunto era o no una amenaza a los fundamentos de la república. Nadler insistió en que “no estamos tomando este paso a la ligera” y reiteró que el principio es que “ninguna persona, y ciertamente no el oficial más alto de aplicación de la ley en el país, se le puede ser permitido desafiar la voluntad del Congreso y no cumplir con una citación válida”.

Con ello, la resolución ahora se presentará próximamente ante el pleno de la cámara baja, donde todo indica -a menos de que prospere una negociación entre el Departamento de Justicia y el Congreso- que será aprobada por la mayoría demócrata. Así, Barr será sólo el segundo procurador general federal en la historia en ser declarado en desacato del Congreso (sólo se requiere que una de las dos cámaras apruebe esa resolución).

El Departamento de Justicia denunció la resolución como “teatro político inapropiado” y la vocera de la Casa Blanca culpó a Nadler de “abuso de poder”.

Sin embargo, vale recordar que fueron los republicanos de la cámara baja quienes primero declararon en desacato a un procurador general, Eric Holder, quien ocupó el puesto durante el gobierno de Barack Obama, en 2012.

Horas antes del voto, Trump declaró que estaba colocando todo el informe de Mueller bajo “privilegio ejecutivo”, invocando esa opción por primera vez en su presidencia y afirmando con ello que ahora ese es un documento secreto de la presidencia. Todo esto forma parte de la estrategia ya explícita del régimen de Trump de no cooperación con el Congreso, sobre todo con la cámara baja por su mayoría demócrata.

Durante los último días, el régimen de Trump ha rehusado cumplir con órdenes de entrega de documentos como con citas para comparecer ante varios comités sobre una amplia gama de asuntos, incluyendo el informe Mueller, posibles actos de corrupción y transparencia de las finanzas personales del presidente, entre otras, lo cual está generando un enfrentamiento político que ahora incluye la contemplación de un proceso de impeachment contra el presidente.

Aunque se ha opuesto a un juicio político hasta ahora, la líder demócrata de la cámara baja Nancy Pelosi, por segundo día, ha advertido que las maniobras de no cooperación y obstrucción del poder de supervisión del Congreso por la Casa Blanca están llegando a tales extremos que Trump está por hacer “un auto-impeachment”.

Mientras tanto, la lista de ex fiscales federales firmantes de una carta abierta afirmando que, si Trump no fuera presidente, habría sido acusado formalmente de múltiples delitos de obstrucción de justicia con base a la evidencia dentro del informe Mueller se duplicó desde el lunes a un total de 803 esta noche.

El emperador desnudado

Tal vez hay buenas razones por las cuales el presidente prefiere mantener en privado sus finanzas personales -se ha sospechado todo tipo de corrupción y engaños y esfuerzos para evitar pagar impuestos- y ahora se ha confirmado otra más: Trump fue tal vez el peor empresario del país durante una década, con las pérdidas de negocio más grandes -más de mil millones de dólares en total- de cualquier otro contribuyente entre 1985 y 1994, reportó el New York Times al obtener datos sobre sus declaraciones de impuestos para ese periodo.

Según el reportaje, por sus pérdidas tan enormes, Trump no tuvo que pagar impuestos sobre su ingreso en 8 de los 10 años examinados y sus pérdidas fueron tan grandes que por sí solas representaban el 1 por ciento de todas las pérdidas por negocios declaradas ese año por contribuyentes estadunidenses [https://www.nytimes.com/interactive/2019/05/07/us/politics/donald-trump-taxes.html].

Trump se autoproclamó como “la persona más exitosa que jamás se haya lanzado por la presidencia, y por mucho” en 2015, y durante los últimos años se ha presentado como quizá el negociador y empresario más talentoso de la historia. Esa imagen se ha cultivado a pesar de cuestionamientos sobre las operaciones de su imperio de bienes raíces -hoteles, casinos, edificios de oficinas y campos de golf. Por ello, las revelaciones parecen comprobar que mucho de su autonarrativa es una farsa y que su éxito es más reality show que realidad.

No sorprendió el que Trump buscó descalificar lo reportado por el Times, declarando por tuit que es “información muy vieja”, mal interpretada y un “golpe de Fake News”. Peor aún, intentó argumentar que esas pérdidas fueron a propósito como parte de como se hacían negocios agregando que “casi todos” los empresarios inmobilarios hacían esas cosas y que “era deporte”.

Desde que llegó a la Casa Blanca sin respetar la tradición de transparencia de sus antecesores y divulgar públicamente sus declaraciones de impuestos, el tema ha estado al centro de varias investigaciones del Congreso por posibles conflictos de interés y hasta corrupción.

Esta misma semana su secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, informó al Congreso que no cumplirá con la orden legislativa de entregar los reportes de impuestos de Trump en años más recientes, parte de la estrategia de no cooperación.

Y hablando de transparencia -o su ausencia- CNN reporta que el régimen de Trump está en territorio récord al no realizar un “briefing” de prensa de la Casa Blanca -lo que antes era casi una rutina cotidiana- en 58 días (el récord anterior era de 42).

(La Jornada)

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