#Opinión – El Azote de Dios – ¿Cuál es el siguiente paso en esta historia? – Por @RealAleGarcia

A mi tío José Luis, por su compromiso, aliento y sabio consejo.

A mis papás, por respetar y aceptar el que me dedique a hacer patria en esta trinchera

A Allan, Alfredo, Juan Carlos y Rafael, por la mancuerna. Ojalá nuestros caminos vuelvan a cruzarse.

A Ximena, por abrirle paso a la bien entendida complicidad.

A Paola, por ser de convicciones inquebrantables. 

A María Fernanda, por su guía y apoyo inagotable.

A Daniel A.P., porque nunca lo vi rendirse.

Y no menos importante, a Mayra, porque sin importar la distancia hicimos (parte de esta) historia.

 

El Azote de Dios

¿Cuál es el siguiente paso en esta historia?

Por: @RealAleGarcia

Desde el comienzo de mi carrera periodística, que este año cumple una década, he querido guardar el ámbito personal con cierto recelo y, aunque usted no lo crea, la decisión de abrir esa puerta tomó algún tiempo. Hay veces en las que para poner las cosas en perspectiva, hace falta ofrecer una mirada «más íntima» de los sucesos y no veo forma más correcta de acercarle los hechos a usted que ésta. 

En los días previos a la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Coatepec se formalizaron muchos cambios en mi entorno laboral y personal. Puse en la balanza una y otra vez lo que quería, lo que necesitaba y lo que funcionaba; irremediablemente la palabra «renuncia» se hacía presente porque, por lo menos hasta el cierre de la edición, no estoy del todo cómodo con algunas situaciones. En esos días, –como hoy– la respuesta era la misma: Me resulta imposible hacerlo.

Apenas era 21 de mayo y ya tenía varios motivos de preocupación. Para los demás lucía relativamente tranquilo, la vida caminaba sola, pero fue particularmente difícil decidir cuál tenía que ser mi siguiente paso pues tenía abiertos distintos frentes. No dudaba que en términos de capacidad o preparación podía hacerle frente a ciertos retos, sin embargo, de momento no podía visualizarme cubriendo la llegada del ex jefe de gobierno del entonces Distrito Federal.

Como expliqué, me sentía un tanto incómodo. Para bien o para mal, más allá de filias o fobias y dejando de lado cualquier etiqueta de “chairo” o “fifí” –soy, ante todo, un ciudadano más– en el México moderno pocos han jugado un rol tan importante y por cuestiones ajenas a mi quehacer periodístico cabía la posibilidad de no estar ahí.

Cuenta la leyenda que, cuando Sir Paul McCartney se enteró del asesinato de John Lennon, encontró la válvula de escape de su dolor en el trabajo. Se encerró en el estudio de grabación y puso manos a la obra en su siguiente producción discográfica, misma que no publicó hasta no considerarla «perfecta», tal como su compañero le había enseñado.

Los caminos, los proyectos de vida y/o los lazos establecidos con la familia, los amigos y los compañeros de trabajo pueden llegar a bifurcarse, pero mientras eso ocurre vas construyendo ciertas experiencias que, adaptadas a tu nuevo contexto, te enseñan qué hacer y cómo manejar las cosas; más cuando no te es posible ignorarlas. Al final del día, sin que todo ese grupo de personas lo supiera, me ayudó justamente a ver las cosas en perspectiva y centré mis esfuerzos en mi quehacer periodístico.

El turno para lidiar con la inconformidad, el stress y la preocupación decidí dejarlo para otro lugar y momento. Eso me lo enseñaron precisamente las experiencias vividas con la familia y grandes amigos.

En cuanto encontré una coyuntura, me di a la tarea de buscar a la persona que me pudiera acreditar y realicé las gestiones para que me permitieran entrar al evento con un camarógrafo y un redactor que llevara el “minuto a minuto” en las redes sociales. La visita del titular del ejecutivo federal demandaba que, fiel a su costumbre, LRD Noticias hiciera algo diferente, pero el gafete solo salió para una persona.

Cuando me lo notificaron pasaban de las seis de la tarde. Estaba sentado en el escritorio de mi oficina, me llevé la mano izquierda al rostro y cuando le hice saber a uno de mis colaboradores lo que había pasado, tras un leve suspiro lo único que atiné a decir fue “así están las cosas…”

Entre el cansancio, la presión y la preocupación de la jornada, mi interlocutor me dijo “Ni te preocupes, lo más importante es que vayas tú”.

No me lo dijo dos veces, experimenté un punto de quiebre y me pregunté: “¿Vale la pena el desgaste?” Después de escucharle me di cuenta de que no podía desaprovechar la oportunidad.

La encargada de brindar información del evento a los representantes de los medios nos citó para que llegáramos una hora antes del arranque a recoger las acreditaciones. Imagino que la lluvia minó lo que en términos de organización se tenía contemplado y tuvieron que improvisar. Ninguno de los presentes se amilanó, por lo contrario, entre los compañeros había cierta empatía.

Las condiciones del clima y el ver un grupo numeroso de reporteros que, aunque no lo decían abiertamente, comenzaban a impacientarse obligaron a un par de señoritas a hacer acopio de temple y buena actitud; se apresuraron a poner en orden la relación de medios en una pequeña mesa de madera para ir llamando, de uno en uno, a quienes pasarían al área designada para la prensa.

Tan pronto recibí el gafete decidí tratar de abrirme paso entre la gente y una vez dentro del inmueble, algunos compañeros y yo fuimos rápidamente reconocidos y ubicados en donde debíamos estar. Luego de tomar posición, abrí la cámara del celular para tratar de sacar una foto decente del escenario; revisé el carrete que ya tenía media docena de imágenes del templete y –mientras seleccionaba la mejor imagen para subirla a las redes– recordé que la noche anterior, en palabras más, palabras menos alguien me dijo “si te das cuenta, mañana estarás siendo parte de la historia”.

Al voltear a ver el aforo y ver rostros llenos de ánimo me di cuenta de que quien lo llegó a comentar tenía toda la razón. A eso hay que sumar que –por lo menos ahora– resulta difícil pensar que otro presidente llegue a este municipio en un futuro cercano.

¿Cómo es posible que este señor logre tal conexión con la gente? Su lucha comenzó en 2006, había quienes decían que «no lo desaforaron a él, nos desaforaron a todos» y pronto su camino comenzó a ser el de otros más. La historia de López Obrador es de corte aspiracional, es por ello que se puede tener cierta empatía hacia su persona y siguiendo esa línea de pensamiento, es por eso que más de uno puede sentirse identificado con ser traicionado o defraudado.

Secretamente al mexicano le gusta un campeón sin corona; el electorado sabe valorar a quien (como el grueso de la población) viene de la «cultura del esfuerzo» y la perseverancia. Al público le gusta ver triunfar a esa persona que carga con deseos, sueños y aspiraciones; en el contrato sobreentendido se estipula que se puede llegar a perdonar uno que otro devaneo y se puede minimizar una que otra contingencia.

Ahora bien, la visita de Andrés Manuel López Obrador se da en un contexto de mucha crispación. Además de la sucesión de algunos eventos desafortunados, cobraron fuerza las teorías sobre la llegada de Ricardo Ahued a la gubernatura de la entidad y, en efecto, fue inevitable escuchar algo respecto a estos temas.

Dirán que los representantes de los medios no lo preguntaron, pero no hacía falta porque el respaldo del tabasqueño a Cuitláhuac García era –más que una declaración– un posicionamiento para echar por tierra las versiones de su sustitución. Del tema de la seguridad se encargó la autoridad estatal, sin profundizar en el tema se afirmó que se alineará al proyecto del Gobierno Federal con las mesas de Construcción de la Paz; hizo el compromiso de que en Veracruz no habrá impunidad y que no se liberaría a ningún delincuente.

El evento transcurrió con cierta normalidad hasta que López Obrador disertó sobre los estímulos económicos y aludió a Antorcha Campesina. Después de escuchar a un grupo de gente gritar al unísono “presidente, miente” pensé: “Aquí se quebró el evento”, pero el discurso no cesó.

El del presidente fue un acto de orgullo bien entendido. Por más impopular que suene –y aunque a muchos les cueste entenderlo– jamás se verá al oriundo de Macuspana manejando las formas de un Jefe de Estado tradicional; en términos de imagen no le van.

He estado en las entrañas de una campaña, me ha tocado invitar a las personas a sumarse a un proyecto, pulir mis habilidades e incitar a otras a hacer lo mismo. La formación académica que tengo me permite ver las cosas desde una perspectiva distinta y más allá de las formas, de la narrativa o el discurso ante los presentes vale la pena observar el fondo.

Como en toda historia digna de ser contada existen una, dos, tres o más versiones de un solo hecho. Esta es la mía y a casi una semana de distancia, con varios frentes abiertos todavía, me he dado cuenta de que el común denominador en mi situación laboral, familiar y personal es el planteamiento de una sola pregunta: ¿Cuál es el siguiente paso en esta historia?

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