Trump «no es bienvenido» a El Paso y Dayton, dicen líderes locales

Nueva York. Donald Trump no es bienvenido por los pueblos de El Paso y Dayton aseguraron líderes locales ante el anuncio de la Casa Blanca de que el mandatario los visitará este miércoles, mientras que un amplio elenco de organizaciones nacionales latinas responsabilizó la retórica racista y antimigrante del presidente por generar las condiciones para lo que calificaron como el peor ataque violento contra su comunidad en la historia moderna del país.

Con el tiroteo masivo en El Paso, el “terrorismo doméstico” vinculado con la supremacía blanca de pronto ocupó el centro del debate nacional. De hecho, el FBI anunció este martes que ha detectado suficiente evidencia como para investigar los tiroteos en Dayton y otro en Gilroy, California, donde otro joven blanco (igual que en los otros dos casos) mató a tres e hirió a 13 hace una semana, también como actos de “terrorismo doméstico”.

El ataque en El Paso no solo detonó condenas nacionales al fenómeno de terrorismo por nacionalistas blancos (fenómeno que el propio FBI alertó que estaba creciendo) sino que está poniendo al régimen de Trump bajo sitio ante acusaciones de que es responsable por fomentar estos crímenes de odio.

Por ello, líderes en El Paso y en Dayton, Ohio, expresaron su oposición a una visita presidencial a su ciudades y ambos alcaldes, aunque no lo rechazaron, dejaron en claro que ellos no invitaron al mandatario.

La representante federal por El Paso, Verónica Escobar, solicitó a la Casa Blanca repensar su visita, ya que “desde mi perspectiva, él no es bienvenido aquí. No debería de venir mientras estamos de luto”. El lunes, Escobar acusó que “el presidente ha convertido a mi comunidad y a mi gente en el enemigo, le ha dicho al país que somos gente que debería ser temida, gente que debería ser odiada”.

Beto O’Rourke, quien antes ocupó esa misma curul y ahora es un precandidato presidencial demócrata coincidió, declarando que el presidente “quien ayudó a crear el odio que hizo posible la tragedia del sábado, no debería de venir a El Paso. No necesitamos más división”. Varios líderes locales se hicieron eco de estas afirmaciones.

En Ohio, la alcaldesa de Dayton, Nan Whaley, primero comentó el lunes que no sadía adónde llegaría el presidente, “tal vez Toledo”, burlándose así de que Trump en su discurso sobre los tiroteos el lunes se equivocó de ciudad, nombrando esa otra en el mismo estado y consideró que “la retórica del presidente ha sido dolorosa para muchos en nuestra comunidad”.

A la vez, un amplio coro de líderes nacionales latinos expresó que ya no es tolerable la retórica presidencial contra la población latina estadunidense y los inmigrantes.

Janet Murgia, presidenta de UnidosUS (antes Consejo Nacional de la Raza), escribió en el New York Times que la violencia en El Paso tiene que ver con “la promoción de odio, temor y división cultivados por el presidente Trump”… La violencia es un resultado aterrador pero no inesperado cuando el líder de nuestra nación intenta normalizar el odio”.

Lydia Camarillo, presidenta del Proyecto de Empadronamiento y Educación del Votante del Suroeste (SVREP), declaró que “la masacre de El Paso es el ataque más grande contra la comunidad latina en tiempos modernos. Es un ataque personal instigado por la retórica antilatina, antimigrante, racista y fascista en los niveles más altos del gobierno de nuestro país”.

Unos 39 líderes y ex altos funcionarios latinos escribieron en el Washington Post que el acto violento en El Paso el sábado fue “un crimen de odio cuidadosamente calculado y a propósito contra la comunidad hispana e inmigrante. Fue un acto de terrorismo doméstico”. Señalaron que latinos, afroestadunidenses, judíos, musulmanes e inmigrantes “están bajo ataque… y el presidente Trump está abanicando la llamas del odio, división e intolerancia dirigidas contra todos nosotros -inmigrantes y ciudadanos estadunidenses juntos”.

Otros líderes políticos nacionales continuaron acusando a Trump por fomentar el tipo de violencia racista y antimigrante que se expresó más recientemente en El Paso. “La mayoría de la familia de mi padre fue brutalmente asesinada a manos del régimen supremacista blanco de Hitler -un régimen que llegó al poder por una ola de violencia y odio contra minorías raciales y religiosas. No podemos permitir que ese cáncer crezca aquí”, declaró el senador y candidato presidencial demócrata Bernie Sanders.

Al mismo tiempo, después de los tiroteos masivos en El Paso y Dayton que dejaron, hasta ahora, un total de 31 muertos y decenas de heridos, se intensificó -otra vez más- el debate político nacional sobre el control o no de las armas de fuego en un país donde circulan más de 300 millones de rifles y pistolas en manos privadas y donde se han registrado 251 tiroteos masivos en lo que va de 2019 -más de uno por día en promedio.

Aún no se sabe si, esta vez, con la combinación sangrienta de odio y balas en los actos de violencia armada más recientes, la cúpula política logrará imponer las medidas mínimas para controlar el acceso a armas que más del 90 por ciento de la población favorece.

(La Jornada)

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